Conociendo a Ale de Aleoli

Hace unos meses os iba anunciando a través de Instagram que estaba bastante ilusionada porque gracias a este blog iba a tener la oportunidad de conocer a una persona que hasta ahora sólo conocía a través de sus fotos y textos. Se trata de Alejandra, la autora del blog La matrícula roja que ha rebautizado hace poco tiempo como Aleoli.

Tenía ganas de hablar con ella y si continuáis leyendo os daréis cuenta descubriréis por qué. Estamos acostumbrados a ver en las redes sociales personas más o menos conocidas en las que parece que todo lo que las rodea es bonito (ropa, viajes, restaurantes…), dándome la impresión de que cuando empiezas a explorar en esta red social todo el mundo es feliz menos tú. Cuando conocí a Ale (virtualmente) vi en su cuenta mucha VERDAD, es decir, no todo era de color de rosa: una chica que había pasado por un proceso durillo de inseguridades, miedos, vergüenzas…  donde lo más importante hasta ahora no era el esfuerzo que había tenido que hacer para perder los 30 y pico kilos, sino para combatir con todos los pajarracos que todavía aparecían por su cabeza. Al final su historia me enganchó y la empecé a seguir, y como yo, 10 mil personas más a las que sin darse cuenta da muchas lecciones de vida. 

 

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Saludalosaludable

 

Definiría a Ale como una persona con una fuerza de voluntad que no la cabe en el cuerpo, sencilla y sincera. Con la que podrías hablar de cualquier tema. Pero ella se define mucho mejor en su blog:

“Un día encargué una armadura de voluntad, tomé un calabacín por espada e hice una sentadilla como movimiento fatal y, así, me batí en duelo con el sobrepeso. Mi gran promesa personal consiste en no regalarle ni un solo día más de mi vida al fantasma de los kilos de más, suficiente me ha aterrorizado ya y demasiadas experiencias me ha robado. Aquel día decidí que sólo yo sería la responsable de decidir qué hacer, qué decir, cómo actuar, y en definitiva, cómo vivir. Uno de mis grandes plaooceres es disfrutar de un café bien caliente al solecito de diciembre, enfundada en mi pijama mientras escucho a algún cantautor en Spotify. Me encantan las conversaciones, y mucho más si son en algún restaurante que sirva buen hummus y la carne poco hecha.”

 

¿A que te has quedado con ganas de saber más? Pues no me enrollo y te dejo que leas el resto de su historia realista y motivadora

 

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Foto de Aleoli

 

Ale durante toda su vida había tenido sobrepeso. Desde muy jovencita empezó a tener problemas con la comida.

Con 5 años se escondía para que no la vieran comer y  con el paso del tiempo se iba privando de compartir su vida con los demás por miedos, vergüenza y muchas inseguridades que había ido ganando junto con los kilos. Hasta que un día encargó una armadura de voluntad, tomó un calabacín por espada e hizo una sentadilla como movimiento fatal y, así, se batió en duelo con el sobrepeso.

 

 – Clara.- ¿Cómo te presentarías a mis lectores? 

– Ale.- Me considero una persona muy normal. Quizá mi principal virtud es que me interesan muchas cosas y por eso ahora mismo soy “una peonza”, es decir, voy de un lado para otro buscando cómo orientar mi vida. Soy muy inquieta, nada conformista y siempre busco aprender más, saber más… Me gusta aprender de los demás y también ayudar a los demás y con ese fin empezó el blog. 

 

 – Clara.- ¿Y antes? ¿La Ale de antes, cómo era?

– Ale.- Antes me atrevía a hacer menos cosas porque me daba más vergüenza. El centro de mi mundo era la obesidad y el peso tenía la culpa de todo. Era una persona mucho más miedosa, insegura (aunque ahora sigo teniendo muchas inseguridades) y me daba menos cuenta de lo que era capaz de hacer. Salía mucho menos de casa, más tímida, era mucho más “hacia dentro”.

 

 – Clara.- En tu blog nos cuentas que empiezas a perder peso porque hay una amiga que empieza a hacerlo. ¿Cómo es el punto y final? Es decir, ¿cómo es el momento en el que dices “hasta aquí”?

– Ale.- Desde SIEMPRE he tenido sobrepeso. Siempre he estado “dieta aquí, dieta allá”. Al principio era como la mayoría: fuera la pasta, fuera el pan… Ya desde pequeña (13 años) fui a la consulta de un Nutricionista que me ayudó a perder bastante peso, sin embargo, cuando lo dejé recuperé todo lo que había perdido. Ahora dudo si era un Nutricionista de los buenos porque gracias a los conocimientos que he ido adquiriendo con el tiempo me doy cuenta que la dieta era bastante disociada y se centraba más en el PESO, que en la CALIDAD DE VIDA ganada, por ejemplo. 

En la adolescencia empecé a hacer más locuras.

Primero me saltaba comidas del día, luego sustituía alimentos por sobres… pero mi tendencia era siempre la de engordar, engordar y engordar. 

Hasta que llegó el día en el que me di cuenta que estaba dejando de hacer MUCHÍSIMAS cosas. Rechazaba muchos planes que en realidad me apetecía hacer, cada vez me veía más sola en mi mundo, en mí misma. No a los viajes, no a salir en grupo…

Mi amiga se apuntó al gimnasio y yo con ella. Empecé yendo a clases en grupo (zumba, GAP)hasta que me dio el venazo y decidí hablar con un entrenador (Raúl) que a día de hoy lo sigue siendo. A partir de ahí empecé a practicar más deporte y mejoré mis comidas, y al ver el efecto beneficioso que esto tenía en mi peso seguí trabajando en ello. Entrenar me hacía sentir mejor, y al final, me enganchó.

 

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Foto de Aleoli

 

 – Clara.- A pesar de que se da más importancia al tiempo que tardas en perder los kilos que te sobran que a la calidad de vida que vas ganando… Háblame de ese tiempo.

Tardé un año y medio. Pero, me pasé de rosca. Es decir, entrenaba demasiado y tuvo repercusiones: me fastidié la rodilla. 

No puedes tirar tanto de la cuerda porque al final se rompe. Me obsesioné con el deporte y la comida sin ser consciente de ello. 

Me ponía nerviosa porque no podía llegar a una clase de entrenamiento, me enfadaba y lo pagaba con los demás. Cuando salía a comer por ahí trataba de persuadir a la gente para ir a sitios en los que yo pudiera pedirme algún menú que encajara conmigo en ese momento. Fue una época turbulenta, y la lesión de mi rodilla me abrió los ojos. Al no poder entrenar con la misma intensidad empecé a cubrir mis horas de gimnasio saliendo con amigos, fue entonces cuando respiré y empecé a disfrutar. Me di cuenta de que mi peso en ese momento (era óptimo pero no todo lo que me gustaría) era capaz de reírme con los demás, de salir, de gustar a mi chico… Y joder, tampoco hace falta adelgazar, adelgazar y adelgazar para que alguien se fije en ti, ¿sabes?

 

 – Clara.- Empieza una “nueva etapa”: viajes, restaurantes, grupos de amigos, tu chico… En definitiva tu vida da un pequeño giro pero… ¿sigue habiendo remordimientos si un día te comes una hamburguesa? ¿castigos? 

En el momento de comerme la hamburguesa (o cualquier otro alimento que no entrara en mis planes ese día) no pensaba en nada, me la comíay punto. Pero cuando llegaba a casa me pesaba y lo daba vueltas: “podrías haberte ahorrado esa hamburguesa”, “podrías haberte comido sólo la mitad”, “con lo bien que lo llevabas” … Aparece una cierta culpabilidad que a día de hoy he callado muchísimo, pero que a veces aparece.

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Foto de Aleoli

La culpa es un pensamiento muy puñetero, que siempre está ahí y cuesta mucho quitarlo.

 

 – Clara.- Una de las tareas más complicadas es dar portazo a los miedos. Hablas mucho de ellos en tus redes… ¿Cómo haces que se vayan?

Más que miedo es “miedo – vergüenza“. Los miedos se vencen enfrentándose a ellos. 

El problema es poner fecha a la superación de tus miedos. Cada uno necesita su tiempo y enfrentándote poco a poco a ellos al final se vencen. Por ejemplo, para enfrentarme al miedo de ir a un restaurante lo que hago es ir y comerme lo que me apetezca en ese momento y si luego viene la culpa la callo porque es SANO salir y comer lo que te de la gana en ese momento, disfrutarlo… 

Hay un porcentaje muy alto de mujeres que tienen una relación turbia con la comida, es como si la temiéramos. No llega a ser un trastorno, pero sí hay muchos remordimientos, mucha culpabilidad.

Ante un miedo, intento desengranarlo, es decir, de dónde viene y por qué viene. Después anoto mentalmente lo que me aportaría esa actividad de la que me estoy privando por un cierto miedo y cuando me doy cuenta de que hay más positivo que negativo me lanzo a vencerlo. Cuando ves que vas superando miedos te creces y tienes ganas de más. He superado este miedo y aquí estoy, y este otro y sigo viva… No es fácil, pero se consigue.

 

 

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Foto de Aleoli

 

 

 – Clara.- Es importante saber distinguir el por qué no hacemos algo para no autoexigirnos demasiado. Necesitamos nuestro tiempo, son procesos largos.

Ansiarlo y desearlo tanto me ha llevado a problemas. Tienes que tomarte tu tiempo.

 

 

Es liberador cuando lo consigues. Cada uno tiene su proceso. Yo estaba harta de tener 25 años y haberme metido 3 veces en la piscina y por eso me lancé pero lo hice poco a poco y con mucho run-run en mi cabeza… ¡al final me puse el bañador!

Al final hay que dejar que la vida fluya… ¡¡¡tienes que dejarte vivir!!! Yo tengo un trabajo que me pega el culo al asiento de 9.00 a 18.00 y en lugar de verlo como un problema lo que hago es buscar soluciones: si voy al baño hago 10 sentadillas, utilizo las escaleras, intento caminar más… Ojo, lo hago porque es saludable y porque realmente me apetece, no para callar esa culpa de estar tanto tiempo sentada.

 

 – Clara.- Háblame de tus recompensas.

La capacidad de ver mas allá de mi peso, de la comida y del gimnasio. La felicidad cuando como, cuando venzo mi miedo a la montaña, cuando me pongo el bañador o cuando salgo de hacer deporte y veo que lo he hecho porque me hace sentirme bien conmigo misma y no por la obligación de tener que quemar X calorías al día… 

Todo este proceso ha conseguido que valore más todo lo que tengo a mi alrededor. Tus problemas no se limitan a la comida y el peso, hay más cosas detrás que te hacen reaccionar de una manera o de otra. También he podido ver que hay mucho desconocimiento y hay mucho trabajo por hacer… y se debería dar más importancia a la alimentación porque somos lo que comemos.

 

Hay que aceptarse tal y como somos y a partir de ahí trabajar en nosotros mismos porque en el sobrepeso influyen muchos más factores (genéticos, hormonales, psicológicos…). Tenemos que respetarnos y querernos. Es muy cliché pero es la verdad, siempre intento buscar lo mejor de mi e intentar mejorar sin exigencias de por medio.

 

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Foto de Aleoli

 

Después de esta larga conversación Ale y yo seguimos hablando un buen rato de muchos temas. Como os he dicho, es una persona con la que se puede hablar de todo. En su blog tenéis post donde se sincera, donde da muy buenos consejos o bien os propone recetas ricas y saludables: Aleoli.

Gracias Ale dpor haber repasado tu historia conmigo durante toda una mañana. Da gusto escuchar cómo alguien que, tras haberlo pasado francamente mal  ha salido de ese agujero negro y ha aprendido de todo esto… Y como Ale, hay muchas personas purulando por ahí que tienen este problema u otro similar. Si en algún momento os habéis identificado en alguna parte de la historia espero que esta charla te haya abierto los ojos y te haya dado ese empujón que a veces necesitamos para dar carpetazo a esos miedos-vergüenzas que están con nosotros desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Este post va cargado de fuerza y esperanza… te mando un poquito por si te hace falta. También un abrazo enoooorme.

 

Nos leemos pronto!!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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